A las mujeres nos gusta hablar, y ¡¡¡por la NOCHE!!!

A ver, creo que esto no os puede sorprender a ninguno de vosotros. Nos gusta hablar, es más; nos gusta hablaros ¡¡¡¡Si a vosotros!!!!, los que os ponéis en <<modo stand-by>> y solo asentís con la cabeza!!! Nos gusta tanto hablaros, que hasta eso hemos aprendido a ignorarlo.

A lo largo de los años, nosotras vamos aceptando que sois parcos en palabras, sobretodo en el terreno emocional. No contamos como conversación emocional el Fútbol, por mucho que os exaltéis. Cuando estamos más bajas anímicamente, suele ser cuando más buscamos este tipo de conversaciones;

  • Cariño ¿sigues enamorado de mi?
  • Pues claro.
  • Hijooooo, y ¡¡¡me lo dices así!!!
  • ¿Cómo quieres que lo diga?
  • No sé, con cariño, no solo un si …

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El secreto de una “reconciliación”

¿¿¿Quién de nosotros no ha tenido una “RECONCILIACIÓN”??? Una de esas apasionadas tras un enfado monumental. O una de esas reconciliaciones serenas, llenas de besos y caricias que claman nuestro perdón.

Creo que es una de las mejores herramientas con la que contamos los matrimonios. Es uno de esos momentos estrella, que vivimos todos a lo largo de nuestra vida en común. El enfado puede venir del detalle más tonto, del estilo de: “cariño se te ha ido, ooooootra veeeeeez, la mano con la visa” (discusión que se repetirá eternamente, ya que por definición, nunca gastamos demasiado) o por motivos más serios como: “no te veo el pelo, nunca estás en casa”.

Las reconciliaciones no siempre son iguales. Algunas veces necesitamos esa reconciliación que habla del perdón, habla del dolor provocado por las palabras dichas o por los despechos silenciosos. Son enfados donde el rencor es el primer protagonista de nuestra discusión, donde nostras sacamos esas listas de reproches que almacenamos -en no sé, que parte del cerebro- llenas de  “porque tú nunca haces…, porque yo siempre…” Y donde vosotros, en muchas ocasiones, tan solo calláis. Tan solo nos miráis y os metéis en vuestra “caja de la nada” y nos contestáis con vuestro silencio.

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Las palabras conmueven, el ejemplo arrastra

Hoy tan solo quiero compartir con vosotros, la carta que le escribió -una buena amiga- a su padre cuando murió,  a los pocos meses de haber fallecido también su madre, y que leyó en el funeral. Le pedí que si podía compartirla en mi blog, ya que me pareció un maravilloso ejemplo de cómo un matrimonio es capaz de conmover con sus palabras y arrastras con su ejemplo.

Querido Papá,

Gracias., Gracias por el ejemplo que nos has dado. Un ejemplo de entrega y de amor, un ejemplo de generosidad hacia tus hijos y hacía el amor de tu vida: mamá.

Después de diez años de novios, varias decenas de cartas de amor a mamá -que sabes que ella las guardó hasta el final- y 53 años de matrimonio, solo podemos decirte gracias, porque nos has enseñado como se quiere, como se lucha y como uno se entrega a su mujer.

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