Dame un abrazo y se tan solo mi refugio.

Quiero empezar con la típica conversación de pareja. Un día cualquiera llegamos de trabajar y os decimos algo así:

  • Menudo día que he tenido hoy. No veas la que he tenido con mi jefe.
  • ¿Qué ha pasado?
  • No te lo vas a creer, es un borde.
  • ¿Pero que te ha dicho?
  • ¡Que que me ha dicho!!!!! Me ha dicho que …
  • A ver, también tienes que entenderle. Tiene mucha presión…
  • ¿Cómo quieres que le entienda? ¿Qué me quieres decir, qué tiene razón? Ahora me dirás que la culpa es mía y que estoy sensible…

A ver, cuando cualquiera de nosotras llega a casa y ha tenido una movida con su jefe; da igual el motivo, da igual el por qué, es más, da igual incluso si tiene razón. Si nos veis que acudimos a vosotros, con cierto grado de “nerviosismo” para contaros un problema con nuestro jefe, no nos deis “consejitos” que nos hagan pensar que igual no tenemos toda la razón.

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Cuando una pareja habla de sexo ¿Hablan de lo mismo?

Este post se lo dedico a los que me habéis pedido que escriba sobre la importancia que tiene hablar de sexo con nosotras -vuestras mujeres- desde el punto de vista masculino. En especial a vosotros, Carlos, Jorge. Que me habéis dado tanto la idea de escribirlo, como me habéis rebatido a lo largo de estos meses que cuando, los hombres y las mujeres, hablamos de sexo mantenemos conversaciones diferentes. Es más, que a veces, los temas ¡¡¡ni se parecen!!!

En muchas ocasiones, cuando nosotras hablamos de sexo; hablamos de caricias, hablamos de abrazos, hablamos situaciones románticas –quien no ha pensado en esa noche nevada frente a la chimenea- o hablamos de besos apasionados. Mientras que cuando vosotros habláis de sexo… ¡¡¡HABLÁIS DE SEXO!!!. Habláis de lo que os excita, queréis saber lo que nos gusta y lo que nos desagrada. Queréis conocer nuestras fantasías y hablarnos de las vuestras. Es verdad que la importancia que le damos unas y otros es distinta, pero creo que son totalmente complementarias. Y es, en este diálogo, donde tienen que encontrarse las dos partes. Dos partes que sepamos hablar y escuchar. Que sepamos entender y comprender. Que sepamos no juzgar y no sentirnos juzgados. Que sepamos respetar y hacernos respetar.

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Carta de un marido

Después de leer esta carta estaréis de acuerdo conmigo que todas ¡¡¡queremos una carta así!!! Sobran mis comentarios, pero yo, ya se la he pasado a mi marido para que coja ideas.

Querida Amelia

Hoy es nuestro aniversario de boda ¡¡15 años!!  Solo puedo decirte que no pude tomar mejor decisión, que el día que te prometí  que pasaría el resto de mi vida contigo. Si, es fuerte, para el resto de mi vida, y más hoy en día, donde todo se ha descafeinado, hasta el compromiso más firme.

Sé que el matrimonio no es una película de Walt Disney, cuyo final es siempre “y fueron felices y comieron perdices”. Sé que hay problemas a lo largo de la vida, pero se que los problemas que hemos tenido en estos quince años nos han hecho más fuertes, nos han acercado más y me han enseñado la gran mujer que tengo a mi lado. Si cariño, eres especial, eres lo mejor que me ha pasado en la vida y es una bendición verme a tu lado todas las mañanas, incluso con tus despertares de dragón, en los que me resulta difícil , tras ese primer ladrido, encontrar tu dulzura .

En estos 15 años me has enseñado como se cede por la familia, como una es siempre la última y cede lo mejor, a su marido y a sus hijos. Sí, me he dado cuenta de tu silencio, de tu entrega constante a tu marido- a mí- a tus hijos, a tus padres. Me doy cuenta como también reclamas tiempo para ti y todos te exigimos más. Como a veces anhelas un grito de “¡¡¡¡Y YO QUE!!!!!” y entonces siento lo afortunado que soy, y procuro descargarte de esa cesión constante, procuro hacer todo aquello que el egoísmo diario de mi comodidad, provoca que no te cuide. Procuro hacer un poco de ti, aunque los dos sabemos que no llegaré a ese nivel al que nos has acostumbrado.

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