Cariño, no se que ponerme…

  • Cariño date prisa que llegamos tarde a cenar!!!
  • Ya voy es que no se que ponerme, todo me queda mal.
  • Ponte cualquier cosa, será por ropa!!! Ponte ese vestido.
  • No, ese no, que me hace gorda.
  • Pero si te lo pusiste el otro día y te encantaba!!!
  • Ya, pero hoy no es el otro día, y hoy, me queda fatal…..

¡¡¡A ver chicos!!!. Por favor no ayuda NADA que nos digáis que nos pongamos ¡¡¡cualquier cosa!!! Y mucho menos que nos metáis presión con que llegamos tarde, lo sabemos y seguramente en esos momentos ¡¡¡¡nos da igual!!!!

Vuestro objetivo es salir pronto de casa y no llegar tarde. El nuestro es estar monas, sentirnos bien, a la par que elegantes y por supuesto que nos digáis –con convicción- que estamos guapísimas. Así que esto es fácil. Sigue leyendo

La intimidad del dormitorio nos hace ser cómplices

¿Os acordáis de esas miradas en el desayuno que nos invita a trasladarnos –con una media sonrisa-  a “ESA” noche con nuestra pareja? ¿Donde todo ha sido armonía, donde nuestra entrega ha sido plena, donde la pasión ha entrado sin reparos ni perezas y donde nuestra unión ha sido completamente sincera?

Cuando estamos en esos momentos tan dulces de la relación, tenemos que grabarlos en nuestra retina por qué –en muchas ocasiones- serán esos recuerdos vividos los que nos rescaten del bache que un día atravesemos. Hay que construir sobre cimientos reales y no sobre falsas ilusiones, no dejarnos vencer por la desgana y la desilusión, no convencernos de que ya no estamos enamorados hasta el punto de alejarnos del dormitorio. Alguna vez he comentado que las relaciones sexuales, son un buen termómetro que nos hace ver la situación por la que atraviesa nuestro matrimonio.

La cercanía de una pareja se forja con el diálogo, con la cesión, con el respeto, con el saber entender, pero hay algo especial que solo se puede forjar en la intimidad del dormitorio. Todos sabemos que hay una unión íntima en la entrega de una pareja. Esa entrega es la máxima expresión de amor que podemos tener. Y es, en el dormitorio, donde somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos, o de convertirnos en hielo y sin tan si quiera rozarnos.

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