Los silencios también hablan

Creo que no hay peor castigo que el silencio. No se dice nada, pero lo expresa todo. ¿Quién no se ha enfadado con su pareja, por cualquier motivo, y hemos discutido, gritado e incluso llorado? Pero tras una discusión cuando lo que nos encontramos es silencio, nos invade un sentimiento de profunda tristeza e impotencia.

Muchos de esos silencios vienen provocados por la incapacidad de expresar lo que uno siente en ese momento. Por la soberbia que impide desnudar el alma y quedar con el corazón expuesto. Incluso a veces por un “no sé qué” que te obliga a callar, aunque quieras gritar o que te obliga a silenciar todo aquello que quieres contar.

Cuando nos enfrentamos a ese silencio ensordecedor, lo primero que nos sale es incomprensión ante la persona que tenemos delante. Empieza a crecer en nuestro interior un sentimiento de ira y desánimo, que se mezclan a partes iguales. Miras a los ojos de la persona y no ves “nada” solo el vacío provocado por su silencio. Y en ese preciso instante te planteas “y para que, si las cosas no van a cambiar, siempre es lo mismo. SILENCIO”. Solo vemos esa parte dolorosa que nos provoca la indiferencia de una mirada vacía. Solo vemos el corazón de piedra de la persona que calla. Solo vemos la frialdad de la palabra ahogada en el silencio.

Pero a veces lo que nos somos capaces de ver, es Sigue leyendo

¿Y por qué siempre tengo que tomar yo la iniciativa?

¿Cuántas de nuestras parejas nos han acusado de falta de iniciativa? ¿Cuántas veces nos dejamos vencer por la rutina y nos conformamos con un “desahogo”? ¿Cuántas veces hemos deseado que nuestros maridos nos cojan por la cintura, nos lleven con una firme delicadeza a la cama y nos hagan el amor haciéndonos sentir la mujer más especial e irresistible? O ¿Cuántas veces nuestros maridos han anhelado encontrarse a su mujer esperándoles en el dormitorio, tan solo, con unos tacones y con deseos de tenerlos entre nuestros brazos?

Soy consciente que la rutina en uno de nuestros grandes enemigos en el matrimonio. Pero no mayor que la soberbia de llevar siempre razón o de pensar que la culpa siempre es del otro. Y esto también ocurre en la alcoba, donde todo se mezcla y la gran baza que “solemos” tener una de las partes de la pareja, es utilizar la falta de sexo, la desidia o los desahogos rutinarios como medida de ¿presión, castigo…?

Sé que las parejas vamos aplazando nuestro encuentro íntimo, cuando el trabajo es absorbente, se incrementa con la llegada de los niños y en muchas ocasiones tiende a desaparecer cuando la pareja más lo necesita. Sé que a veces lo que hay; no es falta de ganas, sino en muchas ocasiones -la situación es tal- que hasta el simple roce puede llegar a producir rechazo. Pero también sé que está situación se puede cambiar.

Podemos empezar con una conversación tan simple y directa como ¿Cariño, que nos pasa, por qué ya no nos encontramos, es que ya no nos queremos?

Ante esta pregunta solo podemos tomar un camino correcto,  la Sigue leyendo