Tú sí que me entiendes.

Como explicar ese querer sentirnos más valoradas, más simpáticas e incluso más sexys por nuestro compañero de trabajo que por vosotros, nuestro marido. Es esa sensación de que todo lo que hacemos, decimos, pensamos o incluso dejamos de decir está mal. Nos sentimos juzgadas, nos sentimos infravaloradas, son sentimos que ya no os importamos. Pero lo peor de todo es cuando realmente nos lo creemos, entonces nos sentimos heridas en lo más profundo de nuestro interior, en nuestra autoestima. Ante esta herida, solemos reaccionar con la indiferencia, con los reproches y poco a poco nos sentimos más alejadas de vosotros.

Y como explicar lo que vosotros sentís cada vez que habláis con vuestra compañera y os sentís más valorados, más útiles e incluso más atractivos que en casa. Como explicar esa sensación de que en casa todo lo hacéis mal, desde meter el lavaplatos, algo que parece una tarea sencilla se puede convertir en toda una hazaña, hasta vestir a las niñas con la ropa “correcta”. Esa sensación de “inutilidad” que os persigue hace alejaros del hogar, de nosotras. Os hacer empezar a valorar más a vuestra compañera que a nosotras.

Las cosas se van desarrollando lentamente, vosotros vais forzando ese encuentro con vuestra compañera, nosotras vamos haciéndonos las encontradizas. Vosotros empezáis con esa cervecita de los jueves y nosotras con esas conversaciones donde revelamos nuestra falta de comprensión en casa. Acto seguido lo que buscamos -en muchas ocasiones inconscientemente- son esas frases de consuelo. Frases del estilo de:

  • No entiendo como ella no lo ve, con lo que tú vales.
  • No creo que él se dé cuenta de lo que tiene en casa.

Para pasar a frases donde empieza a haber una implicación emocional

  • Ojalá yo tuviera una mujer como tú. No entiendo cómo te valora tan poco.
  • Si mi marido fuera como tú, sería otra cosa, tu sí que me entiendes

Al fin y al cabo, los dos buscamos lo mismo. Ese cariño, esa

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Esta noche… Helado de Mango

Después de leer tu post anterior <<SEXO VAINILLA>>, el viernes pasado quedé con mi marido para tomar “Helado de Mango”. Y lo primero que quiero hacer es agradecerte esa puerta que has reabierto en mi matrimonio. Una puerta que hace años pensé, no solo que estaba cerrada, sino también olvidada.

Lo primero que hice fue compartir el post con él y estuvimos comentando no solo la falta de diálogo, y sinceridad entre nosotros, sino la falta de apetencia de tomar sencillamente helado. Aquí me llevé una grata sorpresa, ¡¡¡Estábamos de ACUERDO!!! Fue como volver a conectar ese canal de comunicación que desde hace años no utilizábamos. Cuando comenzamos a hablar sobre nosotros, nos dimos cuenta que la falta de práctica, provocaba en nosotros un “rubor” propio de los adolescentes. En ocasiones nos quedábamos callados sin saber muy bien que decir. Entonces le pregunté:

  • “cariño, ¿Tú que echas de menos en nuestra relación?
  • A ti. Sencillamente te echo de menos a ti. Mis conversaciones por la noche cuando todo tu tiempo era para mí y no lo repartías con los niños. Echo de menos esos besos que me dabas como si yo fuera lo más importante de tu vida. Te echo de menos en la intimidad, cuando disfrutabas haciendo el amor conmigo y tu entrega era sincera. Echo de menos cuando venias a mí, sexy y provocativa para disfrutar de una noche de pasión, de esas que hacen de nosotros uno solo. Echo de menos esos juegos en la cama que nos hacían disfrutar el uno del otro. En fin, te echo de menos a ti. Y tú, ¿Qué echas de menos?

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