Tú eres mi NO media naranja

Si, lo sé, seguramente no es políticamente correcto desdecir una frase tan aceptada y con tantas connotaciones positivas. Pero también creo que muchos de los que me leéis estaréis de acuerdo conmigo que las medias naranjas no se encuentran, sino que se cultivan, se trabajan y se cuidan. Cuando alguien dice: <<he encontrado a mi media naranja>> me vais a perdonar, pero lo primero que me viene a la mente es un buen zumo de naranja. Claro que también pienso que está en esa fase de enamoramiento que a veces nos nubla un poco, que nos empaña la vista… vamos que nos ciega jajajaja. O incluso pasados muchos años decimos es que mi pareja es mi media naranja.

Pero soy de las que piensan que existen miles de medias naranjas para cada uno de nosotros, que no solo existe una persona en el mundo que está hecha para nosotros, eso sería muy cruel. Sinceramente creo que cuando encuentras a alguien que te complementa, que tiene esas cualidades que para ti son importantes, que te hace reír -algo que se agradecerá siempre- que te hace sentir esas mariposillas que te ponen nerviosa, que tan solo el roce casual hace que se te erice la piel, que hace que no dejes de mirar el móvil, es la naranja completa que tienes que empezar a cultivar.

Yo me veo mas del estilo de “te con pastas” o “café con leche”, bueno mejor “fresas con nata” que me parece comoooo algo más sugerente,

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El rencor daña y el perdón repara

Parece una frase sencilla, hasta rima, pero entrañan una gran dificultad llevarlas acabo en nuestro día a día, en especial con las personas que más queremos. Con las que más cerca tenemos, que además suelen ser a las que más herimos. Son tan solo cuatro palabras, pero juntas son un estilo de vida.

El otro día leí en Instagram una pregunta que hacía @psico_eire, y preguntaba: ¿Si pudieras, borrarías tus recuerdos desagradables? Las respuestas en general y resumiendo mucho, se podrían agrupaban en dos:

  • No, ya que han hecho de mi lo que soy y he salido reforzada.
  • Si, me provocan dolor y a veces no me deja crecer.

Por supuesto sin entrar en el ámbito psicológico ya que no tengo ni conocimiento ni experiencia, me llevaba esta reflexión a las relaciones de pareja. Cuantas veces hemos dicho o hecho algo que ha dañado a nuestra pareja, a nuestro compañero de viaje, a la madre de nuestros hijos, a nuestra “no media naranja” (que de esta naranja ya os hablaré en otro post jajajaja). Pero lo más importante es, ¿Cuántas veces hemos archivado en nuestra hemeroteca mental todos los agravios recibidos? Y estos crecen y crecen…

Efectivamente, esta frase encierra un estilo de vida, un trabajo constante que dependerá mucho de la actitud de cada uno de nosotros. Podemos optar por hacer una lista de agravios y sacarla en cada discusión. O ironizar sobre sus “maldades”. O hacer comentarios punzantes delante de los hijos. O…

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Caja de la Nada Vs Muro de Berlín

Siii, compañeros míos, esto del matrimonio tiene otro lado de la moneda. Así que hombres casados identifíquense, hombres solteros prepárense. Seguro que todos nos acordamos de ese día maravilloso que fue nuestra boda, tú, allí en el altar viendo venir a tu novia del brazo de su padre y según la ves piensa “madre mía es perfecta” quedaros con este pensamiento, lo necesitaréis más de una vez a lo largo de vuestra vida en común.

Igual alguno aún no se ha dado cuenta, deciros que “ellas NO son prefectas” pero importante ¡¡¡¡no se lo digáis NUNCA!!!! Da igual la edad, el momento, la circunstancia, recordarlo NUNCA. Cuando digo nunca es nunca, ni en esos momentos maravillosos, después de una noche mágica, los dos embelesados en la cama y donde ella te susurra al oído algo del estilo: <<cariño dime algo que no te guste de mí>> NOOOOOO, no caigáis en la trampa, os gusta tooooodo, TODO, pero todo.

Si cometéis el error de contestar algo tipo: << bueno hay algo que no me gusta que es…>> os vendrá un tsunami que no habrá forma de parar. Empezando por un “inocente”: <<ah! Que no te gusta…>> mientras su cuerpo ya de ha separado del tuyo, ya no hay contacto físico y el contacto visual nos empieza a poner nervioso. Su mirada es inquietante y nosotros nos ponemos en modo alerta, “sé que ha pasado algo, pero no tengo claro el que”. Intentamos suavizar nuestra respuesta con algo tipo: <<bueno no es que no me guste, sino que…>> y ya no podemos terminar la frase. Consejo entrar en vuestra Caja de la Nada, ahí estaréis protegidos… hasta que encuentren la forma de entrar jajajaja.

Entonces empiezas a notar como se crea esa pantalla invisible que no te deja acceder al otro lado, donde ellas se encuentran, es lo que llamo “el Muro de Berlín”. En función de tus respuestas puede ser muy alto y grueso y muy, muy frio. Ellas se ponen en “modo avión” pero no os confiéis, siguen encendidas, aunque no emitan. Tan solo están rearmándose, buscando titulares en su hemeroteca mental. Están calladas, con la mirada perdida y emitiendo un silencio ensordecedor, un silencio que sabes que no trae nada bueno.  Ha llegado el momento de contraatacar, sal de tu caja, en este momento no valen ni besos ni abrazos, recordar hay un muro impenetrable, pero con sus fisuras. Son…

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Mmmmm, Si, mi marido NO es PERFECTO!!!!

Si, lo se. Aunque me ha costado aceptarlo me he dado cuenta que mi marido no es perfecto. De verdad que lo quiero con toda mi alma, pero no es perfecto. Si lo digo algo sorprendida, porque recuerdo perfectamente el día que iba hacía él, por el pasillo de la iglesia cogida del brazo de mi padre, vestida de blanco. ¡¡¡¡¡Madre mía que guapo estaba!!!!! Era…. PERFECTO.

Aaaahhhh, pero luego llegó el despertar y la convivencia y entonces empiezas a ver “detalles tontos” que te dan pistas que igual no es tan perfecto. Detalles tipo: el tapón de la pasta abierto, la maquinilla fuera de su vaso de maquinillas, la tapa sin bajar… Pero te dices: “Ana, no seas exigente ni que tu fueras perfecta”… Pero todas por dentro pensamos que lo somos o sino, nos acercamos mucho porque nosotras ¡¡¡¡¡¡SI cerramos el bote de pasta!!!!!! jajajajaja.

Entonces llega una mañana de un martes cualquiera y entras en el baño. Miras alrededor y piensas: “¿si aun no tengo hijos, que ha pasado? Y te vuelves a la cama pensando que eso no es real. ¡¡¡¡Pero si!!!! esas pistas, que nos han ido dejando los meses anteriores y no hemos estado rápidas en captar, brotan todas de golpe y por unos segundos te planteas: “quien ha estado en nuestro baño”.

Y despiertas y le miras sorprendida, atónita, aterrada, etc. Pero él como si nada, te mira y te da los buenos días, así con esa ligereza del que sale del baño después de haber dejado los churretones de la barba en el lavabo al lado de un pegote de pasta de dientes, el espejo decorado con las mil y una gotas de agua y se ha secado con tu albornoz. Te asomas a la ducha y acto seguido le miras y le dices: “Cariño creo que te estás quedando calvo”. Al inodoro aun no he entrado, aun no me he atrevido jajajaja.

Estas “zonas de guerra” se van ampliando con los años y un domingo cualquiera te sientas en tu cuarto a leer y ves en SU mesilla ¡¡¡¡TRES TAZAS!!!!!, pero ¿¿¿Cómo han llegado ahí??? ¿¿Desde cuándo hace colección de tazas?? ¿¿¿Por que no vuelven a la cocina??? Entonces piensas: ¿habrá hecho una merendola con los niños en el cuarto? Por un momento ese pensamiento te hace hasta ilusión, hasta que te das cuenta de que tus hijos no toman café. Pero…

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