Tú sí que me entiendes.

Como explicar ese querer sentirnos más valoradas, más simpáticas e incluso más sexys por nuestro compañero de trabajo que por vosotros, nuestro marido. Es esa sensación de que todo lo que hacemos, decimos, pensamos o incluso dejamos de decir está mal. Nos sentimos juzgadas, nos sentimos infravaloradas, son sentimos que ya no os importamos. Pero lo peor de todo es cuando realmente nos lo creemos, entonces nos sentimos heridas en lo más profundo de nuestro interior, en nuestra autoestima. Ante esta herida, solemos reaccionar con la indiferencia, con los reproches y poco a poco nos sentimos más alejadas de vosotros.

Y como explicar lo que vosotros sentís cada vez que habláis con vuestra compañera y os sentís más valorados, más útiles e incluso más atractivos que en casa. Como explicar esa sensación de que en casa todo lo hacéis mal, desde meter el lavaplatos, algo que parece una tarea sencilla se puede convertir en toda una hazaña, hasta vestir a las niñas con la ropa “correcta”. Esa sensación de “inutilidad” que os persigue hace alejaros del hogar, de nosotras. Os hacer empezar a valorar más a vuestra compañera que a nosotras.

Las cosas se van desarrollando lentamente, vosotros vais forzando ese encuentro con vuestra compañera, nosotras vamos haciéndonos las encontradizas. Vosotros empezáis con esa cervecita de los jueves y nosotras con esas conversaciones donde revelamos nuestra falta de comprensión en casa. Acto seguido lo que buscamos -en muchas ocasiones inconscientemente- son esas frases de consuelo. Frases del estilo de:

  • No entiendo como ella no lo ve, con lo que tú vales.
  • No creo que él se dé cuenta de lo que tiene en casa.

Para pasar a frases donde empieza a haber una implicación emocional

  • Ojalá yo tuviera una mujer como tú. No entiendo cómo te valora tan poco.
  • Si mi marido fuera como tú, sería otra cosa, tu sí que me entiendes

Al fin y al cabo, los dos buscamos lo mismo. Ese cariño, esa

entrega, ese sentirnos queridos que no tenemos en casa. Pero ¿Cuándo fue ese momento en el que empecé a querer pasar más tiempo en el trabajo que en casa?, ¿Cómo es posible que lo que más me apetezca es ir al trabajo, para disfrutar de esa sobremesa? Muchas veces buscamos fuera de casa lo que en ella hemos dejado de tener. Queremos seguir sintiéndonos queridos, útiles, respetados y valorados.

En muchas ocasiones no sabemos romper esta dinámica, y nos vemos en ese bucle donde nosotros reprochamos sus llegadas casi nocturnas a casa. Donde vosotros atacáis con el silencio y la indiferencia y nosotras os negamos cualquier relación. Donde la soberbia y el orgullo se han hecho dueños de nuestro matrimonio y donde lo importante es tener razón. Donde el consuelo hallado está fuera de casa y empezamos a anhelar esas mariposas que han empezado a revolotear cada mañana en el trabajo.

Y un día nos levantamos “enamorados” de otra persona que no está en nuestra cama y deseamos que eso fuera así. Y día tras día nos enfrentamos al dragón de mi mujer cada tarde al llegar a casa. O cada día al abrir la puerta, solo vemos un saco de indiferencia llegar a casa. Pero no somos capaces de romper esa dinámica en la que nos encontramos inmersos.

Ambos anhelamos lo mismo, anhelamos que una tarde sea diferente -eso que mi compañera me provoca- y cuando llegue a casa me encuentre una mujer con ganas de verme, de besarme, de abalanzarse sobre mi. Anhelamos -eso que mi compañero me hace sentir- que cuando llegue a casa me coja por la cintura y me bese como si fuera la única, me lleve al dormitorio y me haga el amor con ese deseo de tenerme.

Pero yo me hago una pregunta. ¿Qué hacemos nosotros para cambiar esta situación? Soy valiente para recibir a mi marido con una sonrisa y decirle: “te quiero y tenemos que hablar, creo que no estamos bien”. Y tú ¿tienes el coraje de entrar en casa y confesarle a tu mujer que tienes ganas de ella, pero que te lo pone difícil y que tenéis que hablar? Solo con ganas las cosas no se cambian. Hay que querer queriendo. Y se quiere cambiando, se quiere con hechos. Hay que seguir en trabajando juntos el QUIERO QUERER QUERERTE.

6 comentarios en “Tú sí que me entiendes.

  1. Ana, otra vez más me das tanto que pensar…. hay que ser valientes, no dejar que esa indiferencia nos invada… que caigamos poco a poco por esa rampa levemente inclinada pero que nos separa si no le ponemos remedio. A luchar, a querer quererte. A reconquistarle y dejarme querer…

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  2. Genial Ana es cierto , hay que dejar atras los miedos y temores, ser claros y sinceros con la pareja y no dejarse nada en el tintero. No dar nada por hecho, el amor hay que conquistarlo cada dia y en cada momento, asi impediremos que intenten colarse por las rendijas y grietas.

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  3. Genial. El amor es una conquista diaria entre ambos cónyuges. Es un acto de la voluntad, como dices “ QUIERO QUERER QUERERTE “. Buscar esa comunicación, esa sinceridad mutua en el hogar, no fuera.

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