Acortar Distancias

¡¡¡¡¡¡¡Como la cama se puede convertir en un espacio tan grande!!!!!!!!!

¿Habéis pasado por esa sensación? Esa, donde la cama se convierte en el tamaño de un estadio de futbol. Donde cada uno va con un equipo y el árbitro se fue hace años. Esa sensación donde primero solo se oyen reproches y después tan solo el silencio. Esa sensación de tener a alguien tan cerca y al mismo tiempo a años luz de ti.

Es algo -me atrevería a decir- que en mayor o menor medido nos ha podido pasar a muchos de nosotros. Tener esa sensación de vivir con alguien que se nos está escapando y no saber muy bien por donde tirar, porque parece que se escapa más rápido. Tener esa sensación con alguien que no le importa dejarnos escapar, porque ya lo da por perdido. Tener esa sensación de haber dejado de luchar. Tener esa sensación que parece que se acerca el final y no querer llegar a él.

Cuando esa distancia nos parece casi insalvable, nos parece más un “ser” que un “estar” es cuando ha llegado el momento de parar. De no dejar a la deriva esta situación ya que en tal caso suele terminar en un puerto que igual no deseamos. Es el momento de enterrar ese orgullo que tan solo daña al matrimonio. Es el momento de dar ese primer paso y coger de la mano a nuestra pareja y empezar a acortar distancias.

Es, en ese preciso momento, cuando hay que marcar una estrategia conjunta. Yo te planteo: Sigue leyendo

Mi prioridad?? Mi mujer. Mi marido.

La primera vez que alguien me dijo esto, fue en la boda de mi amiga Camino. Fue otra compañera del cole, embarazada de 7 meses y unos minutos antes de que su marido la sacara a bailar el vals. Me dejó absolutamente descolocada no entendía como su prioridad no podía ser el bebé que estaba esperando.

A lo largo de los años ha sido una frase que ha venido acompañándome y he llegado a la convicción de que es lo mejor que puedo hacer, no solo por mi matrimonio, sino también por mis hijos. He hecho mía esa afirmación “mi prioridad es mi marido” al igual que él. Y con esto no digo que sea el único camino, solo digo que es, el que hemos escogido. Perdonarme que me ponga en primera persona, pero creo que así soy capaz de transmitirlo mejor

Después de casarnos y empezar a vivir juntos, no sé a vosotros, pero había cosas que no era capaz de entender. Cosas tan simples como que el rollo de papel higiénico se pone en el portarrollos del papel higiénico, no se igual son algo maniática, ja, ja, ja. O cosas tan sencillas como que la ropa NO se lava y se plancha sola. Si la dejas en el cesto de ropa sucia y no haces nada con ella, ¡¡¡¡¡Ahí sigue!!!!! Es una locura lo sé, pero del cesto no sale. Es verdad que los dos tuvimos que poner de nuestra parte y en ciertas ocasiones borrar esas líneas rojas que nos marcamos a veces de forma absurda.

Después de esa adaptación, que reconozco que no siempre fue de color de rosa, logramos disfrutar el uno del otro. Momento perfecto, trabajando los dos, con dinero no mucho eso es verdad, con el tiempo para nosotros los fines de semana… Que más podíamos pedir. Entonces llegó nuestro primer hijo. Cuando llegamos a casa y nos quedamos sin enfermeras, sin padres, tíos, amigos, etc., Os voy a ser sincera ¡¡¡¡¡LO FLIPAMOS!!!!!, creo que Sigue leyendo

Jose, un buen ejemplo

Hoy quiero hablaros de Jose y como me ha sorprendido. Creo que a veces nos quedamos con la fachada de las personas que a lo largo de la vida nos cruzamos.

Jose es un tipo sencillo, Directivo de una multinacional y que no esperas que tenga a su cargo a más de doscientas personas. Cosa que ya le señala con una cualidad -cada vez menos común- que es la humildad. De las primeras cosas que me sorprendieron fue que siempre le gustaba llevar el abrigo de su padre, le venía algo grande de mangas, y no era un abrigo “vintage” pero SI era el abrigo de su padre, al que lleva en su memoria a diario. Me parecía un acto sencillo, cargado de amor y respeto. Lleno de admiración y sin complejos.

Con el paso de los meses y las conversaciones en diferentes momentos, ya sean encuentros con clientes o simplemente compartiendo mesa a la hora de comer fui descubriendo un hombre enamorado de su mujer. Que por cierto guapísima. No solo está enamorado de ella, sino que lo dice. Te cuenta como es lo más importante de su vida. El duro golpe que tuvieron cuando le detectaron un cáncer de pecho y como juntos salieron adelante. Otra cualidad que aflora de este directivo es la fortaleza y la lucha.

Es una persona, con un gran sentido común, te explica como va metiendo en su hogar a los novios de sus hijas.

Sigue leyendo

Y TÚ, ¿QUE LE REGALARÍAS A TU PADRE?

Hoy es un día especial. Es el día del PADRE. Un día entrañable para la mayoría de nosotros. Un día para pasar con la familia y agradecer a nuestro padre todo lo que hace por nosotros. Por como nos quiere, por sus constantes atenciones, por sus diferencias y discusiones o simplemente por estar siempre ahí.

Pero hoy no quiero dirigirme a mi padre. Como muchos sabéis el falleció a los pocos meses de morir mi madre. Si, fue una de esas personas que murió de amor. Pero hoy quiero dirigirme a todos los hijos que buscamos el regalo perfecto para nuestro padre. Ese viaje a Chile para ver a su hija expatriada. O esos gemelos que se pone en ocasiones especiales. O incluso es vino exclusivo que tanto le gusta.

Después de más de tres años sin tener que pensar en un regalo para el día del padre, tengo que reconocer que por un lado me vienen a la cabeza aquellos que hice casi por automatismo. ¡¡¡¡madre mía… no se cuántas camisas, o pijamas le pude regalar!!!! Y por otro lado solo me vienen aquellos que dejé de hacerle. Aquellos que realmente eran los que él más deseaba. Aquellos en los que no pensé,  simplemente por mi comodidad.

Si tuviera ahora que pensar en un regalo para mi padre os diría que le regalaría mi tiempo. Ese que ojalá hoy pudiera darle. No regatearía en abrazos. Le regalaría miles de esos paseos que no llevaban a ninguna parte, esos que tan solo eran la excusa para estar un rato juntos. Le regalaría mi silencio. Ese silencio tan necesario a veces para saber escuchar lo que la experiencia de la edad te enseña. Le regalaría ese silencio para poder comprender su dolor y respetar su soledad. Le regalaría ese silencio para saber escuchar sus temores más profundos.

Si ahora pudiera, le volvería a regalar mi tiempo, si ya se que me repito, pero Sigue leyendo

The nothing box

Alguna vez os he hablado de esta caja. Lo explica un Pastor Americano que se llama Mark  Gungor, cuando habla sobre las diferencias entre el cerebro masculino y el femenino. Explica que es una caja que solo tienen los hombres. Pero no solo eso, sino que solo entienden ellos, y cuando están en ella son capaces de pensar en NADA. Para nosotras está fuera del alcance de nuestra comprensión. No podemos entender que nuestro marido llegue a casa y después de la cena se vaya a su caja de la nada con el móvil a disfrutar de ese mundo de “virtual” que puede ser FB o Instagram o simplemente a ver la tele.

Nos resulta casi más incomprensible que no quiera hablar. Si sencillamente hablar, llevamos todo el día fuera y “debería” tener el deseo de contárnoslo TODO. Pero lejos de eso se mete en su caja de la nada para hacer “nada”. Aunque a veces no somos capaces de entender esa necesidad de -simplemente- evadirse. Dedicarse tiempo a rumiar sus pequeñas crisis personales que no quiere compartir con nosotras.

A veces no somos capaces de ver la necesidad que tienen de NO contarnos todas sus inquietudes. De no hacernos partícipes de sus dudas, de su estrés en el trabajo o tan solo que están agotados de todo en general. Que analizan su vida y a veces pensarán: “y esto es todo…” “ya lo he vivido todo??” los hijos la mujer el trabajo los viajes…. A veces pienso que nos hacen un favor en NO compartir estos pensamientos con nosotras. Ya que si recibimos esta información de una forma inadecuada, algo que puede ocurrir con bastante probabilidad, podemos establecer conclusiones erróneas.

Empezaremos a dramatizar la situación tildándola de Sigue leyendo

Y la enfermedad llegó a mi hogar para quedarse

Hoy os quiero contar la historia de unos amigos, Marta y Carlos.

Después de 4 años de novios, nos decidimos casar. Imagino que como muchas parejas. Comienzas tu vida al lado de la persona que amas y empiezas con tus planes. Ser una “súper profesional” en el mundo de la consultoría. Tu marido un crack de la banca. Empiezan a llegar los niños. Primero Carlos, que le pones el nombre de su padre, sabes que a él le hacía mogollón de ilusión. Luego llega tu hija Marta, que claro, ahora me toca a mí ponerle mi nombre.

Las cosas siguen el curso que tu habías planificado. Es más, estás tan ocupada con tu vida perfecta que no caben otros pensamientos ni que las cosas puedan cambiar. Pero a veces la vida te guarda sorpresas, sorpresas de esas que creemos que no estamos preparadas. La mía fue cuando llegó Carmen, mi tercera hija. Al principio todo parecía ir viento en popa, las cosas no podían ser de otra manera. Pero a las pocas semanas empiezas a ver que hay algo que no “cuadra” que no está bien.

Entonces vas a tu pediatra y tras varias pruebas y un resultado dramático es cuando se te abre un abismo bajo tus pies y ese mundo perfecto que habías construido se desploma tras cada palabra pronunciada por el médico. Cada tecnicismo se convierte en un eco en tus oídos y tus primeros pensamientos son: ¿y por qué a nosotros, por qué a ella? ¡¡¡si es solo un bebé!!!

Es ahí cuando llegan no solo las lágrimas, sino que con ellas llegan el miedo, la inseguridad, el dolor, la tristeza. Tras ese primer impacto nos ponemos manos a la obra. Pero a veces es una obra que no tiene fin, ya que hay cosas que no tienen cura, tan solo son así. Y las visitas a urgencias, los ingresos en el hospital, las noches en vela se acaban convirtiendo en tu rutina. Una rutina que te llena de dolor, de agotamiento. Pero también es una rutina que te separa de aquellos que también siguen a nuestro lado. De aquellos que también nos necesitan, pero que a veces tan solo nos desborda el dolor.

Pasan los meses y te acostumbras a vivir, con tu dolor, con las idas y venidas a los hospitales. Te acostumbras a estar SIEMPRE ahí, a ser imprescindible. Te acostumbras a no delegar, porque para ti es lo más importante, el cuidado de tu hija que te necesita. Pero yo me olvidé de ver que su padre también necesitaba cuidarla. Me olvidé de repartir mi amor a mis otros dos hijos y la distancia se convirtió en indiferencia. La indiferencia se convirtió en presión y la presión en una discusión constante.

Un día me di cuenta de que yo sola no podía. Me había dejado por el camino a la persona más importante. A mi marido. Él, que lo ha dado todo por mí. Que ha sufrido como yo y ha sufrido conmigo. Me olvidé de amarle, me olvidé de quererle. Sencillamente le fui sacando poco a poco y él se fue dejando alejar. Fue una decisión NO tomada por ambas parte. No fuimos conscientes de esa distancia hasta que un día explotamos. Explotamos de dolor, de amor

Sigue leyendo

Amar se aprende amando

¿Cómo te descolocan esos primeros sentimientos que te brotan del interior cuando vuelves a ver a amor de verano? De repente te das cuenta que te pone nerviosa solo mirarlo y hasta bajas la cabeza, sin dejar de mirar de reojo para ver con quien habla y a quien saluda. Estamos esperando que se fije en nosotras y nuestro corazón se dispara cuando se acerca a darnos dos besos después de estar todo el año sin vernos.

Es la primera vez que nos encostramos ante semejante avalancha de emociones y muchos de nosotros no sabíamos gestionarlos. A muchos de nosotros no nos han hablado o explicado cómo se ama. Pero si hemos tenido un ejemplo diario de entrega, de cariño, de amor, que han sido nuestros padres. Pero cuando teníamos 16 años a muchos nos hubiera venido bien que alguien nos hubiera despejado todas esas dudas que se acumulaban en cuestión de segundos cuando veíamos a nuestro “amor” del verano.

Amar se aprende hablando.  Hablando de nuestros sentimientos, de nuestros miedos, de nuestras inseguridades, de nuestros deseos. Amar se aprende hablando de los niños, pero se crece sabiendo hablar de nosotros sabiendo dedicarnos ese tiempo que hace no olvidarse del otro.

Amar se aprende escuchando. Escuchando a la persona amada, entendiendo sus miedos que al igual que tú también los tiene. Respetando sus inseguridades y comprendiendo sus deseos. Amar se aprende escuchando sus historias del trabajo o los problemas con su madre. Amar se aprende tan solo escuchando y siendo capaz de entender.

Amar se aprende sufriendo. Se aprende de los errores cometidos,

Sigue leyendo

Un día lo olvidé y empecé a usar las noches para dormir.

Cuantas noches en vela por ese hijo con fiebre. O cuantas noches sin dormir por ese “problema” de trabajo. Cuantas noches de insomnio por ese disgusto con nuestra madre que no te lo quitas de la cabeza. O cuantas horas de lectura a altas horas de la madrugada por esa novela que nos atrapa. Y cuantas noches dedicadas a las caricias con mi pareja, a la magia de ese amor que nos trasporta a una dimensión donde somos capaces de ser uno solo.

A lo largo de los años de matrimonio las cosas cambian, la edad, los niños, las horas de trabajo, la suegra, el dinero, la manera de amarnos, incluso las horas de sueño. Pero hay cosas que permanecen. Como son, esas horas que nos quitamos para velar a un hijo enfermo. Como son, esas idas y venidas en la cama esperando la llegada de nuestro hijo de 17 años. O como son, esas horas dedicadas al trabajo. Pero un día -sin saber muy bien porqué- suprimimos esas horas entregadas al amor de nuestra alcoba. Dejamos esas caricias que nos hacen femeninas. Abandonamos esos besos que nos hacen sentirnos deseados. Anulamos ese amor que nos hace pareja.

Un día nos olvidamos de ello y empezamos a usar las noches para dormir. Las hemos entregado al cansancio. A la pereza y a veces a la indiferencia. Nos olvidamos de una parte que nos hace ser mujer. Que nos hace ser esposo. Que nos hace ser amantes. Llega un día en el que las horas robadas se las devolvemos a la noche sin condiciones. Sin saber que hasta eso, puede tener un precio. El precio de la distancia.

La distancia que se gesta a base de olvidarnos de nosotros es una distancia que, si no hacemos nada, echa raíces. Unas raíces que crecen bajo tierra, bajo ese manto de silencio que se ha formado en Sigue leyendo

Como disfrutar de mi pareja y no morir de aburrimiento

Y yo, ¿me lo paso bien contigo? Hace cuanto tiempo que no salimos los dos solos a cenar, a tomaros un vinito, una copa y … ¿Por qué no?? Terminar en Snobissimo a las cinco de la mañana bailando los dos solos ¡¡¡¡pasando un rato divertido!!!!

¿Hace cuánto no compartimos confidencias con ella a la luz de una vela, mientras estamos deseosos de llevarla a la cama para decirla como nos excita esa manera que tiene de provocarnos tan solo con moverse el pelo?. O ¿hace cuánto no le sugerimos al oído que estamos esperando esa velada que nos devuelva al hombre que nos hizo reír y disfrutar de una manera que solo él es capaz?

La excusa. Simplemente es la excusa la que ha llegado a nuestro matrimonio. Es ella, la que lo justifica todo. Es ella, la que logra dar respuesta a cualquier problema y a la vez es una fiel aliada del matrimonio, de ese matrimonio que se debilita sin darse cuenta. La excusa tiene infinitos disfraces, creo que todos conocemos muchos de ellos. A veces se disfraza de cansancio. Otras veces, se ampara en frases como “es que no tengo tiempo para nada, la vida me come…” muchas otras, se viste de “Doña Tibieza” o “Don Trabajo”. Pero ¿Cuántas veces conseguimos disfrazarla de VOLUNTAD?

Es un trabajo de los dos, es un esfuerzo de ambos. Es una obligación de la pareja el DISFRUTAR JUNTOS. Es sanísimo reír,

Sigue leyendo

La soledad del dormitorio

Estoy convencida que no hay soledad más triste que aquella que te produce el vacío en la cama. Ese vació que provoca un marido que te acompaña todas las noches, pero no te roza. O el vacío de una mujer que está a tu lado, pero te ignora. Muchos matrimonios, convertidos en compañeros de piso, con gastos e hijos compartidos. Buena relación -quizá hasta como hermanos- en definitiva, tan solo comparten el día a día, pero han olvidado lo más importante. Se han olvidado de ellos, de quererse, de amarse de entregarse.

Una pareja tiene formas distintas de amarse y cada una tiene su importancia, ya que unas aportan al matrimonio seguridad, otras generosidad, fortaleza o confianza. Pero hay una manera de amar, que une al matrimonio de forma distinta a todas las demás y sobre todo es una unión completamente diferente a la que se pueda tener con cualquier otra persona, a un padre, hijo amigo, etc. Esa unión, es una unión de intima complicidad y es la que se va forjando cuando se ama con el cuerpo.

No siempre es fácil saber amar con el cuerpo. En muchas ocasiones hasta nos hemos olvidado de hacerlo y nos resulta complicado volver a romper esa barrera invisible levantada por nuestro orgullo e indiferencia. Y es esta soledad, la que más duele. Es una soledad que ataca a la autoestima, a la feminidad, a la hombría, al deseo, al cariño… Y acaba afectando al respeto y la convivencia.

Es esta soledad, la que silenciosamente debilita a una pareja, es ese silencio el que más

Sigue leyendo