No “señor” Apple: el mejor regalo para una madre no es un iphone

Estimado “Señor” Apple

Hoy he recibido un mail de usted cuyo título es el siguiente: “Muéstrale a mamá cuánto la quieres con los regalos que más quiere” seguido de los mejores productos de iphone. Una frase como esta, es no saber lo que es una madre, es no saber que le importa a una madre y solo demuestra la falta de tacto de estimular a unos hijos que compren algo -fuera de su alcance- porque eso les hará muy felices a sus madres.

Le quiero contar que me hace feliz, a mi, madre de cuatro hijos.

Me hace feliz ver a mi hijo de 11 años que se acerca -porque me sorprende mirando con nostalgia a mi sobrina de 6 meses- (tuve un aborto hace unos meses) a decirme: “mamá la miras tristes porque te acuerdas del bebé que perdiste, verdad?  mientras me da un abrazo.

Me hace feliz cuando el día de la madre mi hija de 8 años me dice que si estoy triste porque mi madre no está conmigo. O me pide que le cuente como se, si mi madre está en el cielo. Le explico que unas horas antes de morir ella me cogía de la mano y me decía “hija no llores, estate tranquila, yo estoy llena de Paz, no tengo miedo, Dios está ahora conmigo” y esa verdad nos fortalece.

Me hace feliz ver como mi hijo mayor es capaz de superarse a sí mismo ante los pequeños detalles del día a día. Como es capaz de ceder ante sus hermanos y darse cuenta de que eso no le hace más débil, sino le agranda el corazón. Como lucha contra sus cambios de humor y te pide perdón por si te ha ofendido.

Me hace feliz ver como una hija es capaz de apoyarse en ti cuando está lejos. Cuando recurre a su madre en los momentos de inseguridad para contarte sus miedos. Me hace enormemente feliz cuando me llama para decirme que se siente feliz, pero que sigue echándonos de menos. Me hace feliz cuando me envía un whatsapp con un corazón gigante que late y me dice “mami te quiero mucho”

Me hace feliz ir a cenar con mi familia y tardar una eternidad en decidirnos que plan podemos ir a hacer por el cumpleaños de alguno de nosotros. Me hace feliz abrir los regalos que ellos SI han sido capaces de hacer. Tengo 7 collares de macarrones, 5 llaveros con Sigue leyendo

No te digo que sea fácil. Te digo que merece la pena.

Si, hablo del matrimonio. Cuando una pareja se casa, la percepción que tenemos de esta etapa es sencillamente maravillosa. Vivimos los primeros años del noviazgo como una antesala de lo que pensamos que puede ser LO MÁS. Vivir con él o estar siempre a su lado cuando se levanta al amanecer. Llevarla el desayuno a la cama o ver como se pinta frente al espejo.

Nos pasamos viendo películas como Pretty Woman. Por favor, después de ver esa peli ¡¡¡Quien no deseó ser esa prostituta!!! Por no hablar de aquellas películas como Blancanieves, que llega su príncipe azul para despertarla con un beso de amor. Que, si profundizamos, lo que vemos es: llega un extraño que ve dormida a una señorita, la besa y ella se casa con él. Eso si FUERON FELICES Y COMIERON PERDICES. O películas del estilo de “lo que el viento se llevó” donde el orgullo y la soberbia impidieron a Scarlett O’Hara querer al hombre de su vida, y donde él, solo encontró una mujer llena de sí misma.

Sin embargo hay algo que nadie te cuenta. Y es la realidad de una pareja. Es ese día a día que nos encontramos cuando nos levantamos y nos encontramos a nuestra pareja con esa “boca pastosa” o esas ojeras que desaparecen tras un buen trabajo de chapa y pintura matinal. Y que decir cuando es una, la que pasa segunda al baño. En ese momento nos decimos: pero ¡¡¡es tan difícil levantar la tapa!!! lo tiene que hacer a mala idea. O son esos momentos donde ella está con su zumo de naranja, tostadas con aceite, fruta pelada y cortada ¿¿y tú?? Con un café, eso si en vaso como a ti te gusta, pero de fruta y tostadas “na de na”.

Es en estos momentos, cuando Sigue leyendo

El otro Cupido

Quiero empezar este post compartiendo con vosotros este vídeo que me hizo llegar una amiga. Lo habréis podido ver ya por la tele. Sencillamente es fantástico.

El Otro Cupido

Que recuerdos nos trae ese cupido tan especial. Ese cupido que aparece en los primeros encuentros revolviendo toda nuestra paz y tranquilidad. Ese cupido que nos llena de mariposas o nos enfría las manos de puros nervios. Ese cupido que nos hace reír de forma descontrolada y rozando el histrionismo. Ese cupido que nos regala el primer beso de nuestro novio y nos hace sentir la persona más feliz del planeta. O ese cupido que os deja abrazarnos por primera vez y os hace sentir el hombre más afortunado.

Es este cupido el que nos acompaña durante buena parte del noviazgo. Es el que hace que queramos ser mejores personas para impresionaros. O es el encargado de que trabajemos nuestro mejor lado y pulamos nuestros defectos. Es -incluso- el que hace que ¡¡¡nos gusten los defectos de nuestra pareja!!! Algo que actualmente nos parece impensable, ya que probablemente es lo que nos haga mirar a otro lado con cara de: “Uff no puedo más”.

Pero… ¿Cuántos de nosotros dejamos entrar al OTRO CUPIDO? ¿Cuántos de nosotros permitimos que la rutina no se instale en nuestro matrimonio?  ¿Cuántos de nosotros somos capaces dejar de vivir nuestro matrimonio como si fuera “el día de la marmota”?

El vídeo es capaz de Sigue leyendo

Cinco mitos del matrimonio

El otro día leí un artículo sobre las grandes decepciones de los matrimonios, como hay determinados mitos alrededor de la pareja que lejos de fortalecerla, lo que hace en muchas ocasiones es terminar con ella.

    1. UNA BUENA RELACIÓN SIGNIFICA QUE YA NO SE DEBE TRABAJAR EN ELLA; ¡¡¡¡Todo lo contrario!!!!! Una buena relación es aquella que está basada en el trabajo y esfuerzo mutuo. Es aquella que no juzga al que se tropieza, sino que ayuda a levantarte una y otra vez. Es aquella que no reprocha, sino que olvida. Es aquella que no castiga, sino que perdona. Una buena relación se construye día a día y como cualquier catedral, se sostiene con pequeños trabajos de mantenimiento. Esto es amor.

     

    1. LOS CELOS SON UN SIGNO DE VERDADERO AMOR Y CARIÑO; los celos, es la vía rápida para alejar a nuestra pareja, provoca el efecto contrario del que una persona celosa cree. Los celos son síntoma de inseguridad, y lo único que conseguimos es trasladarle nuestros miedos a nuestra pareja, que se sentirá cada día más agobiada, más absorbida y con la sensación perpetua que haga lo que haga y mire a quien miré lo estará haciendo mal. El verdadero amor está basado en la confianza y la confianza es entregarse sin reservas. Ser celoso es aceptar vivir con miedo a una posible pérdida. Y ese miedo se traslada a todos nuestros actos. No es un signo de amor verdadero, es un signo de inseguridad.

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Tú sí que me entiendes.

Como explicar ese querer sentirnos más valoradas, más simpáticas e incluso más sexys por nuestro compañero de trabajo que por vosotros, nuestro marido. Es esa sensación de que todo lo que hacemos, decimos, pensamos o incluso dejamos de decir está mal. Nos sentimos juzgadas, nos sentimos infravaloradas, son sentimos que ya no os importamos. Pero lo peor de todo es cuando realmente nos lo creemos, entonces nos sentimos heridas en lo más profundo de nuestro interior, en nuestra autoestima. Ante esta herida, solemos reaccionar con la indiferencia, con los reproches y poco a poco nos sentimos más alejadas de vosotros.

Y como explicar lo que vosotros sentís cada vez que habláis con vuestra compañera y os sentís más valorados, más útiles e incluso más atractivos que en casa. Como explicar esa sensación de que en casa todo lo hacéis mal, desde meter el lavaplatos, algo que parece una tarea sencilla se puede convertir en toda una hazaña, hasta vestir a las niñas con la ropa “correcta”. Esa sensación de “inutilidad” que os persigue hace alejaros del hogar, de nosotras. Os hacer empezar a valorar más a vuestra compañera que a nosotras.

Las cosas se van desarrollando lentamente, vosotros vais forzando ese encuentro con vuestra compañera, nosotras vamos haciéndonos las encontradizas. Vosotros empezáis con esa cervecita de los jueves y nosotras con esas conversaciones donde revelamos nuestra falta de comprensión en casa. Acto seguido lo que buscamos -en muchas ocasiones inconscientemente- son esas frases de consuelo. Frases del estilo de:

  • No entiendo como ella no lo ve, con lo que tú vales.
  • No creo que él se dé cuenta de lo que tiene en casa.

Para pasar a frases donde empieza a haber una implicación emocional

  • Ojalá yo tuviera una mujer como tú. No entiendo cómo te valora tan poco.
  • Si mi marido fuera como tú, sería otra cosa, tu sí que me entiendes

Al fin y al cabo, los dos buscamos lo mismo. Ese cariño, esa

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Esta noche… Helado de Mango

Después de leer tu post anterior <<SEXO VAINILLA>>, el viernes pasado quedé con mi marido para tomar “Helado de Mango”. Y lo primero que quiero hacer es agradecerte esa puerta que has reabierto en mi matrimonio. Una puerta que hace años pensé, no solo que estaba cerrada, sino también olvidada.

Lo primero que hice fue compartir el post con él y estuvimos comentando no solo la falta de diálogo, y sinceridad entre nosotros, sino la falta de apetencia de tomar sencillamente helado. Aquí me llevé una grata sorpresa, ¡¡¡Estábamos de ACUERDO!!! Fue como volver a conectar ese canal de comunicación que desde hace años no utilizábamos. Cuando comenzamos a hablar sobre nosotros, nos dimos cuenta que la falta de práctica, provocaba en nosotros un “rubor” propio de los adolescentes. En ocasiones nos quedábamos callados sin saber muy bien que decir. Entonces le pregunté:

  • “cariño, ¿Tú que echas de menos en nuestra relación?
  • A ti. Sencillamente te echo de menos a ti. Mis conversaciones por la noche cuando todo tu tiempo era para mí y no lo repartías con los niños. Echo de menos esos besos que me dabas como si yo fuera lo más importante de tu vida. Te echo de menos en la intimidad, cuando disfrutabas haciendo el amor conmigo y tu entrega era sincera. Echo de menos cuando venias a mí, sexy y provocativa para disfrutar de una noche de pasión, de esas que hacen de nosotros uno solo. Echo de menos esos juegos en la cama que nos hacían disfrutar el uno del otro. En fin, te echo de menos a ti. Y tú, ¿Qué echas de menos?

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SEXO VAINILLA

  • ¿Cuál es tu helado preferido?
  • Mmm, el de vainilla
  • ¿Y siempre te pides el mismo?
  • Pues si. La verdad es que soy de gustos fijos. y ese me gusta bastante.
  • ¿Y no te apetece probar otro sabor, no sé, de Mango?
  • No creas que a veces no lo pienso, pero cuando llego allí, pues al final por pereza, por no pensar, voy siempre a lo seguro y vuelvo a pedir el de vainilla…

Creo que todos podemos ver con claridad cuantas veces a lo largo de nuestra vida en pareja caemos en la rutina de probar una y otra vez el “sexo vainilla”. Aquel que sabemos que nos gusta, pero que no ayuda a meter ningún otro ingrediente a nuestra relación. Es aquel que, por comodidad, pereza seguimos practicando, y en muchas ocasiones sin mucho interés. Y ¿Como animarnos a ponerle toppings y probar otros  nuevos sabores a nuestra relación? Creo que hay dos componentes básicos:

EL DIALOGO

Si yo os pregunto cuántas veces habláis a la semana de vuestros hijos o del trabajo, ¿Qué me diríais?: “Casi a diario”. Pero si os pregunto cuántas veces a la semana habláis de sexo entre vosotros, ¿Cuántas me diríais?… Es verdad que el día a día, nos puede con las cosas cotidianas; el trabajo, los niños, la suegra, los planes con amigos. Pero a veces olvidamos algo muy importante, que es hablar de nosotros. Pero no un diálogo superficial, donde las cosas se dan por hecho, sino ese diálogo basado en la confianza. Sigue leyendo

Saber Ceder es de Valientes

¿Cuántas veces hemos escuchado frases de este estilo??

  • Tío eres un calzonazos, haces todo lo que dice tu mujer.
  • Estás tan enamorada de él que siempre haces lo que él quiere.
  • No tienes personalidad, siempre cedes a lo que ella quiere.
  • Dónde está tu orgullo, siempre cediendo a lo que le gusta.

Una persona me enseñó que el orgullo es capaz de alejarnos de las personas que amamos y que no es falta de personalidad el ceder, sino es un acto de valientes. Me enseñó a entender esa cesión COMPARTIDA como un acto de amor y de entrega, no como un acto que nos humilla. Me enseñó que es más importante pedir perdón que tener razón. He aprendido la dificultad que tiene el saber ceder, ya que en ocasiones lo que nos pide el cuerpo es tener razón. Pero también he aprendido que el precio que se paga por tener razón no compensa a lo recibido tras pedir perdón.

La cesión implica reciprocidad, sino, no es cesión, es otra cosa; tiranía, sumisión, hay muchos adjetivos. Pero la cesión es cosa de dos. Es saber anteponer las prioridades del otro a las mías. Es saber entender las necesidades de mi pareja y saber explicar las mías. El ceder es un acto de humildad, que no humillante. Es un acto de generosidad que no de sumisión. El saber ceder, en muchas ocasiones, es un acto heroico, no solo por nuestro esfuerzo, sino porque a veces recibimos comentarios y miradas que nos compadecen. Y ante esas miradas –en muchas ocasiones- displicentes, nuestro ego se ve herido y Sigue leyendo

Los silencios también hablan

Creo que no hay peor castigo que el silencio. No se dice nada, pero lo expresa todo. ¿Quién no se ha enfadado con su pareja, por cualquier motivo, y hemos discutido, gritado e incluso llorado? Pero tras una discusión cuando lo que nos encontramos es silencio, nos invade un sentimiento de profunda tristeza e impotencia.

Muchos de esos silencios vienen provocados por la incapacidad de expresar lo que uno siente en ese momento. Por la soberbia que impide desnudar el alma y quedar con el corazón expuesto. Incluso a veces por un “no sé qué” que te obliga a callar, aunque quieras gritar o que te obliga a silenciar todo aquello que quieres contar.

Cuando nos enfrentamos a ese silencio ensordecedor, lo primero que nos sale es incomprensión ante la persona que tenemos delante. Empieza a crecer en nuestro interior un sentimiento de ira y desánimo, que se mezclan a partes iguales. Miras a los ojos de la persona y no ves “nada” solo el vacío provocado por su silencio. Y en ese preciso instante te planteas “y para que, si las cosas no van a cambiar, siempre es lo mismo. SILENCIO”. Solo vemos esa parte dolorosa que nos provoca la indiferencia de una mirada vacía. Solo vemos el corazón de piedra de la persona que calla. Solo vemos la frialdad de la palabra ahogada en el silencio.

Pero a veces lo que nos somos capaces de ver, es Sigue leyendo

¿Y por qué siempre tengo que tomar yo la iniciativa?

¿Cuántas de nuestras parejas nos han acusado de falta de iniciativa? ¿Cuántas veces nos dejamos vencer por la rutina y nos conformamos con un “desahogo”? ¿Cuántas veces hemos deseado que nuestros maridos nos cojan por la cintura, nos lleven con una firme delicadeza a la cama y nos hagan el amor haciéndonos sentir la mujer más especial e irresistible? O ¿Cuántas veces nuestros maridos han anhelado encontrarse a su mujer esperándoles en el dormitorio, tan solo, con unos tacones y con deseos de tenerlos entre nuestros brazos?

Soy consciente que la rutina en uno de nuestros grandes enemigos en el matrimonio. Pero no mayor que la soberbia de llevar siempre razón o de pensar que la culpa siempre es del otro. Y esto también ocurre en la alcoba, donde todo se mezcla y la gran baza que “solemos” tener una de las partes de la pareja, es utilizar la falta de sexo, la desidia o los desahogos rutinarios como medida de ¿presión, castigo…?

Sé que las parejas vamos aplazando nuestro encuentro íntimo, cuando el trabajo es absorbente, se incrementa con la llegada de los niños y en muchas ocasiones tiende a desaparecer cuando la pareja más lo necesita. Sé que a veces lo que hay; no es falta de ganas, sino en muchas ocasiones -la situación es tal- que hasta el simple roce puede llegar a producir rechazo. Pero también sé que está situación se puede cambiar.

Podemos empezar con una conversación tan simple y directa como ¿Cariño, que nos pasa, por qué ya no nos encontramos, es que ya no nos queremos?

Ante esta pregunta solo podemos tomar un camino correcto,  la Sigue leyendo