Es sexo como una “concesión”

A lo largo de estos dos años he podido comprobar que los hombres actúan de formas similares, y que las mujeres sentimos parecido pero a veces hay entre nosotros un río que no tiene puente.

Cuantas veces le hemos dicho a nuestra pareja “hoy no, me duele la cabeza” y todas sabemos que dolor, dolor… no es, es más bien una leve molestia. O cuantas veces hemos dicho “hoy no, no me apetece…” y lo que hay detrás es un reproche disfrazado de inapetencia. ¿Cuántas veces nos hemos refugiado en estas frases, por falta de ganas, por no ser más generosas?

Pero es verdad que vuestro acercamiento no siempre ayuda. Llega el momento “cama” y te encuentras a tu marido al lado y es capaz de decirte “Cariño hoy de sexo ni hablamos, no?”. La respuesta está clara, NO, y seguramente le conteste un dragón agotado con mas ganas de un abrazo, de un beso o de un… “sentirse protegida en sus brazos” que de sexo.

Lo que me han contado muchas mujeres, es que en ocasiones muchas noches “conceden” a su marido las relaciones, o porque se ponen pesados, o porque quieren evitar una discusión, etc. acaban cediendo. Pero no se entregan realmente, están formato; “por favor termina ya, que estoy agotada”. Y no son parejas muy diferentes a las nuestras, tan solo se ha instalado la rutina en sus hogares.

A ellos les duele en su orgullo masculino estas concesiones, porque se dan cuenta de su falta de interés, ellos no solo quieren sexo, quieren tener una relación sexual con su mujer, quieren unas caricias y una entrega sincera, que no suele darse cuando el sexo se concede. Mientras que nosotras nos sentimos poco deseadas, porque no hay un pequeño cortejo, no hay unos preliminares que nos predispongan para que nuestra entrega sea plena.

Cuando estas situaciones se producen con frecuencia en un matrimonio, los encuentros se irán distanciando día a día, hasta darse cuenta que no recuerdan cuando ha sido la última relación que han tenido.

Para romper esta situación deberían empezar por escucharse a sí mismos, de forma individual, saber sus necesidades y reconocer sus deseos. Después, tener un diálogo sobre temas íntimos con su cónyuge, que a veces es molesto, por una percepción equivocada de lo que se supone que tiene que saber un hombre o una mujer del otro. En definitiva hacerle entender como siente cada uno y ser sinceros en las necesidades tanto afectivas como sexuales.

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