¿Qué puedo hacer hoy, para mejorar tu día?

¿Os acordáis los primeros meses de casados, en la playa, tumbados, el sol bronceando nuestros cuerpos y él muy cariñosamente nos pedía que le echáramos crema? ¡¡Cómo se la extendíamos de bien!! Por todos lados, no dejábamos ningún sitio sin crema, sin pegotes blancos. ¡¡Y ahora!!! Cogemos el bote se lo ponemos en la espalda y como los pintores de brocha gorda un par de veces y si queda blanco ya se reabsorberá, y después le entregamos la crema, y les decimos “y en el resto del cuerpo te la pones tú, que llegas”.

¿Y de esas primeras noches durmiendo juntos? Cuando empezaba ese sonido, que muy dulcemente- describíamos como respiración fuerte y con un pequeño susurro le decíamos “cambia de postura, que así dormirás mejor”. Con los años se han convertido en tortuosos ronquidos y nosotras en karatekas nocturnas, clavando -de un golpe seco- nuestro codo en sus costillas y gruñendo un “¡¡¡¡¡¡estás roncando gírate que no me dejas dormir!!!!!!” Y a partir de esas lesiones en las costillas, vosotros marcasteis una línea invisible en el colchón, donde no nos está permitido sobrepasarla, entonces pasamos al, casi más odiado, chsss chsss. No nos dais otra opción ¡¡que despertaros con esos ruiditos!!! que tan solo nosotras somos capaces de emitir, para que dejéis de roncar.

Y que me decís después de hacer el amor. Esas caricias que nos dabais mientras nos apoyamos en vuestro pecho y nos fusionábamos en un abrazo. Han dado paso a un “uff quita que hace calor” o un “Cariño ya estás roncando?? ¡¡¡¡¡¡¡Si no te ha podido dar tiempo a dormirte!!!!!!!” O esos pies congelados que teníamos –y que seguimos teniendo- y los colábamos graciosamente bajo vuestras piernas para que volviera la circulación a ellos y vosotros los recibíais con un “anda ponlos mejor así, que estarás más cómoda”. Pasaron a un “No te acuerdas de la línea que hemos marcado, tienes los pies en mi zona, sácalos  de ahí  ¡¡¡¡¡¡los tienes congelados!!!!!!!”

Así podría seguir con miles de detalles que van sucediendo a lo largo de nuestra convivencia. Sin quererlo vamos marcando un antes y un después, un “todo es maravilloso” a un “no cruces la línea del colchón”. Es un proceso lento, casi imperceptible, solo nos damos cuenta cuando han pasado varios años y volvemos a necesitar esos detalles que un día tuvimos. Empezamos a echar de menos esas piernas que nos calentaban los pies en pleno enero o esos masajes al poneros la crema.

En muchas ocasiones os reclamamos esos detalles que un día tuvisteis, o nos exigís esa delicadeza que un día os dimos. Pero ¿cuántas veces hemos sido el motor del cambio? ¿Cuántas veces le hemos ofrecido ese suave susurro mientras ronca, o nos habéis invitado a un abrazo tras hacer el amor? ¿Cuántas veces hemos preguntado a nuestra pareja “Que puedo hacer hoy, para mejorar tu día”?

Pequeños actos como una taza de café bien calentita preparada a tiempo, una mensaje cariñoso escrito a media mañana, un me acordaré de ti para que vaya bien la reunión o un qué guapa estás hoy, hacen que nos facilitemos la vida, hacen que pensemos primero en nuestra pareja, hace que nos vaciemos de nosotros mismos, para llenarnos de vosotros. Prococa que el hacer feliz a nuestra pareja nos haga felices, y de forma silenciosa vamos alejando el egoísmo de nuestro matrimonio.

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