¡¡Cuando nos casemos!!… Seguro que cambia

Enamorados, somos capaces de comprar la ilusión de que todo cambiará. Cuántos de nosotros hemos pensado: “bueno cuando nos casemos, ya cambiará” o “cuando tenga el primer hijo llegará antes a casa” o “cuando los niños sean mayores me dedicará más tiempo” o “cuando se jubile….” Pero no solo no se cambia, sino que la cosa va a más, y te das cuenta en el momento que te ves gritando “¡¡¡¡Cariño, que crees, que los calcetines andan solos a la lavadora!!!!”.

Cuando nos casamos, algunos sois desordenados, otros tenéis el sentido del humor algo ajustado y la mayoría tenéis una falta de romanticismo que es preocupante. Pero a muchas -en el momento de casarnos- todo eso nos da igual, porque estamos locamente enamoradas y pensamos, “bueno ya cambiará”. Con el paso de los años, muchas de nostras pretendemos convertir a nuestras parejas en maniáticos del orden. En esos maridos divertidos que llenan las veladas. Y como no, en ese marido atento, que se da cuenta en cada momento de nuestras necesidades, ya sean bien para recibir un abrazo, una mirada que lo comprende todo, y porque no, que además no gruña cuando ve el extracto de la visa.

Pero pasados unos años cuando vemos que nuestros intentos de volver a nuestros maridos en algo que no han sido, y seguramente no serán, nos supone una gran frustración porque nos damos cuenta que nos hemos casado con un tipo que no conoce el concepto del orden (tal y como a nosotras lo entendemos). O sigue siendo aquel tipo de las veladas que disfruta escuchando a ese marido capaz de hacer de la cena, una noche diferente. Y que es probable que no nos sorprenda con un acto de romanticismo donde nos haga derretirnos de amor. Y este despertar a una realidad que no veíamos, nos puede llevar a distanciarnos de la persona que tenemos a nuestro lado, y en ocasiones con gran decepción por no ser como queremos.

Si nos paramos a pensar en ellos, nos podemos encontrarles atrapados en: “Estoy en medio del que soy y del que tú quisieras” y esta situación es también bastante frustrante para ellos, ya que intentando cambiar algunos comportamientos acaban sin ser ellos, ni ser lo que nosotras pretendemos. Lo que les provoca un agotamiento y. al igual que en nosotras, un distanciamiento lleno de reproches.

Tanto mujeres como hombres, a lo largo del matrimonio, vamos puliendo nuestros defectos, vamos mejorando en la convivencia, pero creo que una de las cosas más importante que tenemos que aprender es a conocer y aceptar las cosas que no nos gustan de nuestra pareja. Y este ejercicio, es un ejercicio diario, es un ejercicio de comprensión, de paciencia. Es un ejercicio de diálogo y comunicación. Tenemos que saber explicar porque para nosotras es importante que el sea romántico. Y él explicarnos que no lo podrá ser, pero hará el esfuerzo por tener detalles románticos que nos hagan felices.

Al igual que nosotras tendremos que aceptar lo que ellos quieren que cambiemos, harán lo mismo, nos explicarán que están cansados de que estemos siempre diciéndoles “trae anda, que no es así, ya lo hago yo”, y tendremos que encontrar la manera de darle su espacio y aceptar que ellos hacen las cosas de forma diferente. Y esto solo se consigue día a día, detalle a detalle. Y para ello es necesario aplicar una gran dosis sinceridad. Una gran dosis de querer escuchar y aceptar. Y dejar de vivir en el “cuando lleguemos a … ya cambiará”. Y para ello en necesario tener la voluntad de levantarnos todos los días, al lado de la única persona capaz de hacernos feliz hasta el final y la determinación diaria de “QUIERO QUERER QUERERTE

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