¡Sensible yo!… No se porque lo dices

Creo que cualquier pareja –me atrevería a decir que casi todas- a lo largo de su vida hemos mantenido una conversación de este estilo;

  • Hola cariño, ¿qué hay de cenar?
  • Pues lo que haya. Pero vamos, yo, el día… bien, aunque veo que no te interesa mucho.

En este momento os saltan las alarmas.

  • ¿Qué te pasa hoy, estás en uno de esos días?
  • ¿Cómo que en uno de esos días? ¡Qué días!
  • Pues en unos de esos días “vuestros” que estáis más sensibles, ya sabes…
  • No me digas que estoy sensible porque no lo estoy, lo que pasa que tú solo piensas en ti, que no tienes la más mínima delicadeza, desde luego…
  • Pero si no he dicho nada!!!!
  • Claro, ahora que si no he dicho nada, que si estoy histérica, que ¿Qué hay de cenar? Me preguntas que, ¡¡¡qué hay de cenar!!! Ni un beso, ni un “que tal estás…”

Si, es verdad, tenemos “esos días” donde estamos más sensibles, donde –a veces- nos vemos sobrepasadas por nosotras mismas. Donde tenemos esos seres microscópicos, llamados hormonas, saliendo de su caja de pandora y campando a sus anchas por nuestro cuerpo y provocando el caos anímico. Son las mensajeras de la anarquía sentimental. Hacen de nosotras dragones con cuerpo de mujer, capaces de pasar de la risa al llanto en cuestión de segundos.

Pero también es, en “esos días”, cuando somos capaces de ver lo que en otro momento no tenemos la sensibilidad de percibir. Como, a veces, calláis ante nuestros cambios repentinos de humor. O como sacáis el capote para torear el temporal y salir indemnes de nuestra ira desproporcionada. O tan solo cuando veis que la tormenta amaina os acercáis con una caricia que lo expresa todo.

Es, en esos días, cuando más os necesitamos, cuando somos  más frágiles y cuando todo lo magnificamos, no solo lo malo, sino también lo bueno, en definitiva, TODO. Es, en uno de “esos días”, cuando somos capaces de ver como podéis ser el marido atento y delicado, el padre entregado a sus hijos y ese profesional que puede con todo, o como os podemos convertir en ese marido ausente volcado en el trabajo que olvida que tiene hijos. Y todo eso, ¡¡¡en cuestión de horas!!!.

Pocos antídotos hay contra esta revolución mensual. Por nuestra parte, en muchas ocasiones, tenemos que hacer un esfuerzo extra para controlar esas dictadoras del descontrol anímico. En ocasiones nos saldrá genial, y no notaréis ningún efecto de nuestra pequeña revolución interna. Pero en aquellas ocasiones que se desborde nuestro estado anímico y nos convierta en esas fieras que a veces os encontráis en casa, tenéis ese antídoto que falla pocas veces. Es sencillo y es tendernos la mano con una frase como: “siéntate que ya me encargo yo”. Esto nos desarma, nos pilla por sorpresa y nos deja calladas y pensativas con nuestra ira. Al fin y al cabo tan solo nos estáis diciendo QUIERO QUERER QUERERTE.

 

2 comentarios en “¡Sensible yo!… No se porque lo dices

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