Amores de verano

¿Quién de nosotros no ha tenido un amor de verano? Seguro que todas nos acordamos de ese chico que veíamos verano tras verano. Cada vez que se acercaba el momento del deseado encuentro ya nos empezaban a revolotear las mariposas y en nuestra imaginación ya estábamos conociendo a sus padres, porque éramos “novios”, vamos que lo teníamos claro, que nos íbamos a casar y ¡¡¡¡teníamos que conocer a su familia!!!!!

Pero a vosotros, no creáis que os pasaba algo muy diferente, también estabais deseando que llegara de nuevo el verano para verla, que aunque a veces os hacíais los “duritos” se os notaba a la legua quien os gustaba. Y eso para nosotras siempre ha sido un reto. Nos juntábamos las chicas de la pandilla y empezábamos:

  • Tía yo creo que le gustas tú.
  • Que dices, si se nota mogollón que le molas tú.
  • Que no, ¡qué va! además eso da igual porque a ti te gustaba primero… (aquí se veía la lealtad de las amigas de verano).

Pero como todo, la pasión adolescente tampoco dura para siempre, y llega un verano donde “el amor de tu vida” le han crecido los brazos más que las piernas, y esa sombra que asoma bajo la nariz, ¡¡¡¡¡Si es bigotillo!!!!! De repente esas mariposas han volado, ya no hay, ¿qué ha pasado? Y vosotros os encontráis que esa niña ha desaparecido y en su lugar hay una persona que está más cerca de ser tu hermana mayor –adolescente total- que de esa dulce niña. La miráis con otros ojos, porque veis que se ha dado cuenta de vuestro “incipiente bigote”.

Como veis esos sentimientos tan intensos y pasajeros que nos han provocado los amores de verano también desaparecen, al igual ocurre en un matrimonio tras los años de convivencia. Muchas veces anhelamos esa intensidad en los sentimientos, anhelamos la pasión en nuestro matrimonio, anhelamos un cambio. Pero nos estancamos en nuestra rutina, y lo peor de todo es que muchas veces pensamos que eso tiene que ser así.

¡¡¡PUES NO!!! No tiene por qué ser así. Si queremos de nuevo pasión en nuestro matrimonio provoquémoslo, no esperemos a que nuestra pareja tome la iniciativa, porque igual nunca lo hace. Salgamos de nuestra zona de queja constante, del tipo: “es que mi marido no me cuida…” o “es que mi mujer siempre se está de mal humor…” Dejemos de buscar reproches y busquemos en nuestros recuerdos. Estimulemos nuestra imaginación con esos momentos apasionados vividos entre los dos.

¿Hace cuanto no nos vamos de escapada “romántica” los dos juntos? ¿Hace cuanto no nos entregamos el uno al otro apasionadamente? ¿Cuántas excusas y pretextos nos hemos puesto para no estar solos? La pasión en un matrimonio tenemos que trabajarla, tenemos que buscar momentos para ello. Sorpréndele con una noche que nos haga ser cómplices a la mañana siguiente, que nos haga mirarnos durante el desayuno con esa media sonrisa tontorrona que se nos pone, después de una noche llena de pasión, de cariño, de ternura, de entrega, de generosidad.

Si queremos más pasión: provoquémosla. Si no queremos rutina: rompámosla. Si queremos más ternura: pidámosla. Si le deseamos: digámoslo. En definitiva si queremos que ocurra algo distinto, hagamos algo diferente. Si siempre hacemos lo mismo siempre nos ocurrirá lo mismo.

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