El dolor no explicado, duele más

¿Cuántas veces nos hemos enfadado con nuestra pareja? ¿Cuántas discusiones hemos dejado a medias? Estoy segura que todos nosotros hemos pasado por situaciones similares a esta:

  • … ¡¡¡Es que siempre llegas tarde del trabajo!!!
  • Y qué quieres que haga, es mi responsabilidad.
  • Pues que llegues antes a casa y estés más con los niños, que no te ven el pelo.
  • Ya, claro, pero el trabajo es lo que nos da de comer….

Bueno, nos hacemos una idea. Siempre he pensado que muchas de estas discusiones encierran mucho más que lo que decimos.

Como todo hombre sabe, la mujer, cuando habla, dice más entre líneas que lo pronunciado con sus palabras. Como por ejemplo nuestra célebre frase: “haz lo que quieras”. Vosotros, los hombres, sabéis que es absolutamente mentira… No queremos que hagáis lo que queráis, pretendemos que hagáis lo que nosotras queremos, pero sin decíroslo. En el caso contrario, ocurre que todo hombre, cuando habla, dice realmente lo que quiere decir, pero nosotras queremos leer entre líneas algo que no habéis dicho, es más, ni lo habéis pensado, si no… ¡¡¡lo habríais dicho!!!

Esta falta de conexión entre nosotros provoca discusiones como esta, que encierran mucho más que un simple “ven antes a casa”. Muchas veces, lo que nosotras queremos decir con esta discusión es “cariño, te echo de menos, te necesito”, pero en lugar de sincerarnos, pensamos que ellos prefieren estar en el trabajo y somos capaces de recrearnos en ese pensamiento hasta darlo por cierto. Esa idea nos duele porque nos sentimos rechazadas y nos provoca un sentimiento de reproche hacía ellos, nos produce un dolor que viene provocado por el silencio: es el dolor de lo no dicho, de esa conversación no mantenida, de esa explicación no dada.

Y vosotros, cuando llegáis a casa, os encontráis con un dragón que lo único que hace es ladraros que “los niños” os necesitan. Pero es vedad que en ese momento tampoco veis más que el dragón que escupe palabras de reproche, y no sois capaces de ver que quien realmente os necesita somos nosotras, que quien está demandando vuestro cariño somos nosotras. En vosotros crece un sentimiento de incomprensión y os duele que no entendamos que trabajáis por nosotras, por la familia, que a vosotros también os gustaría llegar antes a casa y disfrutar de vuestra pareja y vuestros hijos como podemos hacer muchas de nosotras. Pero, como nosotras, también calláis.

Este es uno de los mayores dolores, el dolor de la incomprensión, el dolor del silencio, el dolor de no sentirse querido. ¿Cuántas veces hemos vivido esta sensación a lo largo de nuestra vida en común?

Por qué no explicamos nosotras cómo nos sentimos, que hay días en que nos duele su indiferencia al llegar a casa, que eso nos provoca convertirnos en esos pequeños dragones que abren la puerta cada día. ¿Cuántas veces hemos cogido a nuestro marido y le hemos dicho: “te echo de menos, sé que por tu trabajo no puedes llegar siempre pronto, pero me encantaría…”?

Y vosotros, ¿por qué no nos hacéis ver que tenéis ganas de volver a casa, ganas de encontraros con nosotras, de darnos un abrazo y de compartir un momento íntimo entre ambos?

A veces nos ponemos un muro invisible que se va construyendo silencio tras silencio. Crece reproche tras reproche. Crece con cada gesto de indiferencia. Ese muro solo se rompe cuando nos ponemos delante y desnudamos nuestra alma, la ponemos en las manos del otro y le decimos: tómala, es tuya. Se rompe cuando decidimos ser sinceros con nosotros mismos y luego con nuestra pareja. Lo rompe la voluntad que tenemos cada día de querer entregarnos, de querer amar, de mantener vivo el “quiero querer quererte”.

4 comentarios en “El dolor no explicado, duele más

  1. Me ha encantado Ana! No es solo porque alguno de los dos llegue a casa antes, entiendo que es solo un ejemplo, pero en ocasiones nos escudamos en los niños antes de decir que somos nosotros los que necesitamos algo en ese momento. Y me ha encantado el momento, queremos leer entre líneas cuando realmente han dicho exactamente lo que querían decir. No podemos entender que no haya algo mas… Muy bueno Ana!

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