Cariño, hoy no, que me duele la cabeza

Nooo, en serio??? Creo que debo de tener la mujer con mayor porcentaje de dolores de cabeza del planeta, de la GALAXIA. Igual debería ir al neurólogo, creerme, no es normal. Se que muchos de vosotros pensaréis que vuestra mujer ostenta esa posición, igual y como mucho, os dejo compartir dicho puesto con mi querida esposa.

Como bien sabéis, somos muy distintos, chicas, por si no os habéis dado cuenta, ¡¡¡somos muy básicos!!!, recordar, tenemos una maravillosa caja de la nada si, si, de la NADA y si nos decís que no os pasa nada, nos lo creemos, y aunque os parezca increíble sabemos leer entre líneas, pero creernos que lo vuestro no es escribir entre líneas. Lo vuestro es escribir con un código secreto que pocos hombres son capaces de descifrar. Solo los “Grandes Maestros” son capaces de intuir que ahí hay algo, yo no conozco a ninguno, pero dicen que existen.

De verdad, si por algún momento llegarais a comprender la importancia que tienen vuestros abrazos, vuestros besos, vuestras caricias, vuestra entrega, igual esos dolores de cabeza se atenuarían día tras día. Desaparecerían esos pijamas o esquijamas de terciopelo gordo brillante ¡¡¡dejar de poneros esos pijamas, por favor!!!! Preferimos subir la calefacción!!!!. Se diluiría ese cansancio crónico que padecéis desde que entramos en casa hasta que nos metemos en la cama. Que, por cierto, aunque no lo creáis, nos damos cuenta de que no es posible tardar tanto en llegar a la cama, no es de extrañar que cuando lleguéis estéis “agotadas” Y nosotros algo frustrados.

A veces, cuando nos echáis en cara vuestro cansancio porque no ayudamos…, y nos ponemos en “modo entrega” nos encontramos con cierta resistencia al cambio o lo que viene llamándose hacer las cosas a nuestra manera. Os poneis algo “nerviosas” jajajaja. Por ejemplo, momento lavaplatos:

  • No, así no, pásalos primero por agua, no así no, pon los llanos aquí los hondos en esta parte. Ya no hablamos de los cubiertos: los cuchillos boca abajo que, sino luego te puedes pinchar con ellos, los tenedores y cucharas boca arriba que, sino ocupan mucho espacio, las cucharillas y tenedores de postre en el cestillo corto y ya no paso al mundo vaso que eso ya es “pa nota”. A ver, esto es de máster en organización vamos que cada vez que me enfrento al lavaplatos me plateo llamar a @la_ordenatriz.
  • Claro que el momento estrella es el momento “baño niños”, que si no lo cojo bien que lo voy a ahogar, que no los deje en remojo, que les frote pero suave, que le seque sin frotar, que le abroche el pijama pero sin apretar…, de verdad hacéroslo mirar jajajaja.

Entonces llega un martes cualquiera y como si nos hubiéramos vuelto locos nos acercamos a vosotras, pero a veces no sabemos cómo. Tenemos que descodificar vuestro estado de ánimo, parece que estáis bien, avanzamos…pero sin saber cómo, salta el “modo dragón” y nos quedamos desconcertados, ¡está claro! hemos tocado la tecla incorrecta (habrá sido por los vasos?). Seguimos probando a ver si somos capaces de apaciguar a la fiera, siendo dulces, pero no empalagosos. Delicados, pero no blandos. Atentos, pero no condescendientes. Dejaros hablar y escuchar. Dejaros hablar y no opinar. Dejaros hablar y que nos interese, o por lo menos que lo parezca jajaja. Dejaros hablar y comprenderos, eso si en silencio que tenemos claro que no podemos hablar.

De verdad que somos felices con vuestros besos no por un “egoísmo sexual” sino porque os queremos, os deseamos y dentro de nuestra “simplicidad” en muchas ocasiones la mejor forma que tenemos de expresarlo es amaros con nuestro cuerpo y con cada: ”me duele la cabeza”, con cada pijama de franela -que alguien los queme, por favor- con cada rechazo, nos sentimos un poco más alejados de vosotras.  Y creo que a veces no entendáis que para nosotros el calor de vuestro cuerpo, las caricias de vuestras manos o los besos de vuestros labios nos hacen n poco mejor, más generosos, más comprensivos y porque no decirlo, con cada entrega os deseamos más, os vemos más guapas, mas sexy, y que lo sepáis que también mas delgadas. Al fin y al cabo es una cuestión de seguir el camino de “QUIERO QUERER QUERERTE”

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