Mmmmm, Si, mi marido NO es PERFECTO!!!!

Si, lo se. Aunque me ha costado aceptarlo me he dado cuenta que mi marido no es perfecto. De verdad que lo quiero con toda mi alma, pero no es perfecto. Si lo digo algo sorprendida, porque recuerdo perfectamente el día que iba hacía él, por el pasillo de la iglesia cogida del brazo de mi padre, vestida de blanco. ¡¡¡¡¡Madre mía que guapo estaba!!!!! Era…. PERFECTO.

Aaaahhhh, pero luego llegó el despertar y la convivencia y entonces empiezas a ver “detalles tontos” que te dan pistas que igual no es tan perfecto. Detalles tipo: el tapón de la pasta abierto, la maquinilla fuera de su vaso de maquinillas, la tapa sin bajar… Pero te dices: “Ana, no seas exigente ni que tu fueras perfecta”… Pero todas por dentro pensamos que lo somos o sino, nos acercamos mucho porque nosotras ¡¡¡¡¡¡SI cerramos el bote de pasta!!!!!! jajajajaja.

Entonces llega una mañana de un martes cualquiera y entras en el baño. Miras alrededor y piensas: “¿si aun no tengo hijos, que ha pasado? Y te vuelves a la cama pensando que eso no es real. ¡¡¡¡Pero si!!!! esas pistas, que nos han ido dejando los meses anteriores y no hemos estado rápidas en captar, brotan todas de golpe y por unos segundos te planteas: “quien ha estado en nuestro baño”.

Y despiertas y le miras sorprendida, atónita, aterrada, etc. Pero él como si nada, te mira y te da los buenos días, así con esa ligereza del que sale del baño después de haber dejado los churretones de la barba en el lavabo al lado de un pegote de pasta de dientes, el espejo decorado con las mil y una gotas de agua y se ha secado con tu albornoz. Te asomas a la ducha y acto seguido le miras y le dices: “Cariño creo que te estás quedando calvo”. Al inodoro aun no he entrado, aun no me he atrevido jajajaja.

Estas “zonas de guerra” se van ampliando con los años y un domingo cualquiera te sientas en tu cuarto a leer y ves en SU mesilla ¡¡¡¡TRES TAZAS!!!!!, pero ¿¿¿Cómo han llegado ahí??? ¿¿Desde cuándo hace colección de tazas?? ¿¿¿Por que no vuelven a la cocina??? Entonces piensas: ¿habrá hecho una merendola con los niños en el cuarto? Por un momento ese pensamiento te hace hasta ilusión, hasta que te das cuenta de que tus hijos no toman café. Pero…

Si, mi marido no es perfecto y por un momento veo esos maridos de Instagram, miro al mío y pienso: “bendito marido imperfecto”, le doy gracias a Dios por haberme puesto en el camino al hombre de mi vida. Se que no es un camino fácil, se que a veces nos enfadamos, nos distanciamos y si me apuráis hasta nos caemos mal. Pero se que, con cada reconciliación, con cada abrazo, con cada mirada me compensan todos sus defectos, todos esos enfados. Me compensa todo ese trabajo que hacemos en recortar distancias. Vaya si me compensa.

Si, mi marido no es perfecto, pero él es mi camino de santidad (eso sí, igual tardo algo más de la cuenta en llegar jajajaja) él es mi complemento, mi confidente, mi asesor, mi psicólogo, mi amante, el padre de mis hijos. También tengo que decir que es quien me aguata, que no siempre es fácil jajajaja. Él es el perfecto marido imperfecto. Con él trabajo a diario el “QUIERO QUERER QUERERTE”.

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