Dicen que la juventud es una cuestión de actitud.

Hoy escribo sobre esto, porque en este ultimo mes y media ya me han dicho esta frase en varias ocasiones. Igual me estoy haciendo mayor y se me empiezan a escapar algunas cositas, pero que queréis que os diga, tengo la sensación que mi actitud no está alineada con mi cuerpo. No sé si serán cosas de la edad, o de la falta de antioxidantes, o de la falta de sueño, o un consumo excesivo de azúcares o sencillamente tengo sobrevalorada mi actitud.

De verdad que yo creo que tengo una actitud de esas que me hace sentir joven, tanto que igual me he venido arriba. Este mes de enero me dije: “Ana, porque no practicar ese deporte que lleva rondando por tu cabeza varios años” Así que dicho y hecho y llevo desde enero apuntada a boxeo. Si, si a boxeo, pero cuando os digo a boxeo me refiero que voy a una de esas escuelas de boxeo que salen en Rocky III y tus compañeros ¡¡¡te dan miedo!!! Pues a esa.

Pero lejos de venirme abajo cada día que entro y sigo viendo que el 90% de los alumnos podrían ser mis hijos o que cuando me suben al ring les aviso: “a la cara NO y flojo que sino me duele”, lo que he decidido es que mi espíritu es joven y voy todos los días. Pero entonces llega mi cuerpo y me dice que no está muy de acuerdo, que mi espíritu puede ser todo lo joven que yo decida, pero que mi cuerpo de 47 años igual no es tan joven.

Entonces me empiezan a pasar cosas. Me duelen partes del cuerpo que no sabía que existían, tengo agujetas en músculos que son algo cuestionables, es más, creo que me duelen todos los huesos de mi cuerpo y parte de los de mi marido. Pero como mi actitud permanece intacta, ahí sigo cada día poniéndome los guantes y tomando paracetamol.

Hay otros momentos que hacen que mi actitud se vea algo cuestionada, y son durante aquellas conversaciones con mis hijos -algunos ya universitarios- donde te miran y te dicen: “pero mamá que haces tu en una discoteca si ya no tienes edad” (abro este paréntesis, ya que estoy segura de que muchos nos habremos cruzado por Snobissimo) y

me miran horrorizados y les explico que esto es una cuestión de actitud, el salir y llegar a las cinco de la mañana no está reñido con mi edad. Eso sí, la velocidad de recuperación de una de esas noches os garantizo que no tiene nada que ver con la ACTITUD y si ¡¡¡con la EDAD!!!, en fin, seguro que en eso estaréis de acuerdo conmigo jajajajaja.

Lo que es verdad que mi actitud “joven” va muy acompasada con la de mi marido. Hemos crecido juntos en estos años que llevamos y siempre nos ha gustado mucho, pero mucho lo de salir y disfrutar. Disfrutar con amigos, disfrutar solos, disfrutar con la familia, disfrutar con nuestros hijos, disfrutar de un jueves de chicas o de colegas. Hemos aprendido a mantener esa actitud joven y ahora estamos empezando a aprender a entender las limitaciones de nuestro cuerpo jajajaja, que de vez en cuando nos puede decir QUIERO QUERER QUERERTE pero vete más despacio que ya no eres una niña jajajajaja.

Y sí, lo creo firmemente, hay una actitud ante la vida que te hace sentir, no creo que sea más joven, pero si mas feliz. Es esa actitud que te permite disfrutar de las cosas, que te permite ver tus problemas desde otro plano. Que te permite entender a la gente y cambiar tu mirada. Que te hace vez luz donde otros solo ven sombras. Igual es esa juventud la que no debemos perder.

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